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sábado, 14 de marzo de 2015

Literacidad en educación normal. Una tarea inconclusa.





El éxito educativo depende estrechamente de la aptitud 
para manejar el lenguaje de ideas propio de la educación.
                                                                                                                              Pierre Bourdieu


Norma Lilia Díaz Ávila.

Docente de la ENUF Profr. Rafael Ramírez.
 


Que leer y escribir es importante está fuera de toda duda. La lectura y la escritura se conceptualizan como prácticas sociales porque forman parte de la trayectoria cultural de las personas, de cómo se han ido relacionado con el mundo letrado. En la sociedad del conocimiento estas habilidades son fundamentales para el éxito académico y profesional, por tanto inciden en el desarrollo cultural, social y económico del país.
            En esta nueva realidad globalizada y globalizante donde la información se transforma y crece exponencialmente, miles de personas leen y escriben más que nunca; y, paradójicamente, leer y escribir son actividades poco valoradas por la sociedad. No están de moda.
            Es cierto que leemos gran cantidad de contenidos e información y subimos infinidad de textos en la galaxia digital. Estamos inmersos en distintas prácticas sociales del lenguaje mediante el uso del teléfono móvil y el internet por lo que desde el enfoque comunicativo y funcional debería ser una ventaja para consolidar las competencias lingüísticas; sin embargo, la tarea de enseñar se torna más compleja cuando nos damos cuenta que la relación de los estudiantes con el mundo letrado, en realidad, es deficiente porque tienen problemas para comprender y transformar en conocimiento la información que reciben a través de la lectura en determinados contextos, es decir, no han desarrollado su literacidad. Investigaciones realizadas por organismos internacionales muestran que los mexicanos leemos en promedio 2.8 libros al año, ocupamos el lugar 107 de los 108 países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE). Los resultados de pruebas internacionales como PISA (2013), o las nacionales como  EXCALE y ENLACE (2012) señalan que México cuenta con un gran porcentaje de niños y jóvenes con problemas de lectura (es igual tanto en contextos privilegiados como en ambientes con desventajas), quienes  aún cuando tienen la capacidad de decir en voz alta lo que dice un texto y tomar un dictado, no comprenden lo que leen ni escriben de manera adecuada, en otras palabras, no han logrado pasar de la alfabetización a la literacidad. De nada sirve que los estudiantes entren al ciberespacio si no han desarrollado su cultura escrita, si el mundo letrado es extraño para ellos, si se van a perder en el caos de recursos imparables que ofrece la red.
            A nivel nacional la Secretaría de Educación Pública (SEP), reconoce la existencia de graves rezagos en el fomento de la lectura y escritura incluso en los niveles de educación superior, asume también que la falta de lectura es un problema que amenaza el desarrollo educativo del país. Las diversas acciones implementadas para mejorar estas destrezas lingüísticas, muestran que dotar a las escuelas con bibliotecas o llenar con gran cantidad de textos y materiales impresos las aulas de clase, no resuelve per se el problema. En nuestra opinión, además es indispensable establecer estrategias específicas y contextualizadas dirigidas específicamente a favorecer en cada estudiante el aprendizaje independiente de la lectura y la escritura, y lo más importante,  poco se podrá incidir si los profesores no poseen las mismas habilidades que  pretenden desarrollar en los estudiantes.
            Algunos opinarán que en el nivel de educación normal  no se debe perder el tiempo en mejorar la lectura y la escritura porque los estudiantes que ingresan ya las dominan. Los resultados obtenidos en los exámenes de CENEVAL y las investigaciones realizadas en nuestro país (Bausela 2002, Guzmán 2006, Cázares 2009, Pacheco 2010, Espinoza 2013, Díaz 2013) indican que en muchos de los casos las habilidades comunicativas antecedentes a este nivel educativo no son suficientes para solventar los discursos específicos de las disciplinas que integran un plan de estudios de nivel superior y que además resultan ineficientes en la práctica docente, donde leer y escribir sirve para mucho más que simplemente comunicar.
            Definitivamente la lectura y la escritura académicas son prácticas sociales necesarias en la formación docente. El reto consiste en lograr no sólo que los normalistas dominen el lenguaje, implica también facilitarles el desarrollo de su literacidad y ayudarlos a descubrir las inmensas posibilidades que tienen de innovar y crear experiencias didácticas contextualizadas, para que sus alumnos también se integren en la literacidad  en su máxima expresión. Significa mostrarles que todos los profesores somos parte importante de la solución del problema, y sobre todo, que leer y escribir de forma competente les permitirá consolidar la idoneidad del profesional de la educación que requiere la sociedad del conocimiento.
            En este sentido: ¿Es posible no hacernos cargo de cómo leen y escriben los estudiantes normalistas cuando sabemos que se ocuparán de que sus alumnos dominen estas mismas habilidades?.