Investigación y formación docente.
Mtra. Norma Lilia Díaz Avila
ENUF Rafael Ramírez
normaliliadiaz@gmail.com
De cara al Siglo XXI, el reto de la
escuela normal radica
en generar conocimientos y aplicarlos para
renovar las
prácticas de enseñanza y mejorar los
aprendizajes
En el ámbito global, los cambios
científicos, tecnológicos, económicos, políticos y sociales hicieron patente la
necesidad de realizar reformas
educativas para satisfacer la exigencias
de la compleja sociedad del conocimiento con el objetivo
de alcanzar niveles altos de desarrollo. En este
contexto, los nuevos modelos educativos, exigen que la producción de la
investigación en las escuelas de
educación superior se realice de manera distinta, para satisfacer las demandas de
ciudadanos informados y competentes.
En
general la investigación educativa es la
base para la conformación de conocimientos teóricos y prácticos, permite contar con marcos de referencia,
promover la capacidad de reflexión sobre
la práctica docente, y en consecuencia,
apoya la formación profesional. En este sentido, formarse en y desde la
investigación, es una tarea necesaria del proceso de formación inicial y permanente de los
profesores, porque en la medida en que un docente es capaz de descubrir y
generar conocimientos, tiene consolidado
un estilo propio de indagación y puede enseñarlo. Por otra parte, supone la comprensión, la reflexión crítica sobre los
propios saberes y un proceso de
sucesivas reconstrucciones y de autoformación. Es en este sentido, que
las tareas de formación, investigación y difusión asignadas
a las escuelas normales, deben potenciar
realmente su capacidad de consolidarse para cumplir con los requerimientos de calidad.
En
el Estado de Guerrero, el Programa de Fortalecimiento de las Escuelas Normales
(PEFEN), señala en el diagnóstico que el área sustantiva que menos ha desarrollado su función específica es la
de investigación. Esta situación en el
ámbito internacional, significaría un reflejo
de poca calidad y de la lentitud con la que se perciben los cambios, o quizá mostraría la incapacidad
de transformarse para dar respuesta a las exigencias sociales.
En el nuevo modelo
curricular, la generación y uso del conocimiento tiene un papel prioritario, porque el aprendizaje permanente
es una condición necesaria para
responder al dinamismo globalizador de la sociedad del conocimiento, es también un medio para lograr que la
cultura escolar esté a la par de la cultura social. Los documentos rectores del
este modelo en educación normal, consideran en la dimensión social
que “…la sociedad del conocimiento se construye sobre los pilares
fundamentales de la investigación, desarrollo e innovación y enseñanza…” (DGSPE, 2010,
p.22), enfatizan la necesidad de que
los profesores generen y usen el conocimiento y que enseñen
a aprender en el marco de una
práctica colectiva en comunidades de aprendizaje, lo que incluye conformar redes de conocimiento en las que estudiantes y profesores participen. Además, advierten la necesidad de elevar el nivel de exigencia en los trabajos de indagación,
para poder participar en redes nacionales e internacionales de investigación
educativa entre las escuelas normales y con
otras Instituciones de Educación Superior.
En
resumen, la colaboración entre diversos grupos de investigadores es una
característica esencial de la investigación del siglo XXI, específicamente en
el ámbito de la formación de docentes,
se resalta la importancia de analizar colaborativamente la práctica docente
para generar y aplicar conocimientos, porque es una de las condicionantes
que permitirá construir un normalismo
renovado. Sin embargo, trabajar con otros en pro de un proyecto de
investigación conjunto, es uno de los
aspectos aún no desarrollados en las escuelas normales.
Ante este panorama,
se infiere que las tareas de formación,
investigación y difusión asignadas a las escuelas normales, deben potenciar realmente
su capacidad de consolidarse para cumplir con estas nuevas exigencias sociales;
para que los egresados en un entorno global, se desarrollen personal y
profesionalmente al construir y usar conocimientos. ¿Seremos
capaces de responder a estas expectativas?, ¿cómo enseñar a los estudiantes
algo que no hemos experimentado?, ¿cuáles son los objetivos que la
investigación educativa debe cumplir de cara a
la reforma de la educación normal?, ¿por dónde empezar?, y ¿qué
estrategias se deben implementar para promover el desarrollo de la
investigación en las escuelas normales?.
Ante
las condicionantes sociales del Siglo
XXI, y en la perspectiva del cambio, el reto de las escuelas formadoras de
docentes radica en transformar la organización y la práctica educativa de
manera profunda para generar nuevos conocimientos y aplicarlos y en
consecuencia formar profesores competentes. Los profesores normalistas tenemos
el compromiso de considerar en nuestra
práctica docente las innovaciones
pertinentes para estar acorde con las nuevas necesidades educativas, no podemos
eludir más la responsabilidad, de participar en los cambios sobre la manera de concebir la educación, que incluye promover
investigaciones colaborativas y establecer
redes, romper con la inercia y la
poca disposición al trabajo teórico,
desarrollar la capacidad de autoaprendizaje y sobre todo, aceptar la responsabilidad que supone realizar una
investigación.
Los profesores normalistas debemos promover la amplificación del aprendizaje
individual hacia entornos que posibiliten el intercambio y la generación del conocimiento
con investigadores, académicos
y estudiantes, además de colaborar en la
formación de nuevos investigadores y en el desarrollo de investigaciones con
instituciones o investigadores externos para
construir un ambiente que
estimule la investigación y promueva
la consolidación de los Cuerpos Académicos.
¿Cuántos
de nosotros profesores
investigadores de educación normal estamos generando conocimiento?, ¿cuántos estamos participando
activamente en la transformación de nuestras instituciones a través de innovaciones en nuestra práctica docente ?, estas
preguntas surgen cuando da la impresión que los cambios están
llegando sin concesión, y asumimos el papel de simples observadores.
Estamos en un proceso de
transición hacia un modelo curricular donde la investigación educativa adquiere
un nuevo sentido en el ámbito de la
formación docente. Hoy el desafío para los profesores de educación superior consiste en desarrollar en forma equilibrada las tres funciones que les competen: docencia, investigación y difusión, generar y aplicar los conocimientos que permitan innovar la práctica y formar a los docentes que nuestra sociedad requiere.
He ahí nuestro reto.
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