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sábado, 20 de septiembre de 2014

Investigar. El reto de las escuelas formadoras de docentes.



Investigación y formación docente.



Mtra. Norma Lilia Díaz Avila

ENUF Rafael Ramírez  
normaliliadiaz@gmail.com




De cara al Siglo XXI, el reto de la escuela  normal radica
en generar conocimientos y aplicarlos para renovar las
prácticas de enseñanza y mejorar los aprendizajes







En el ámbito global, los cambios científicos, tecnológicos, económicos, políticos y sociales hicieron patente la necesidad de  realizar  reformas  educativas  para satisfacer  la exigencias  de la compleja sociedad del conocimiento con el  objetivo  de  alcanzar  niveles altos de desarrollo. En este contexto, los nuevos modelos educativos, exigen que la producción de la investigación en  las escuelas de educación superior se realice de manera distinta,  para satisfacer las demandas  de  ciudadanos  informados y competentes.
            En general  la investigación educativa es la base  para la conformación de  conocimientos teóricos y prácticos, permite  contar con marcos de referencia, promover  la capacidad de reflexión sobre la práctica docente, y en consecuencia,  apoya la formación profesional. En este sentido, formarse en y desde la investigación, es una tarea necesaria del proceso de  formación inicial y permanente de los profesores, porque en la medida en que un docente es capaz de descubrir y generar conocimientos, tiene  consolidado un estilo propio de indagación y puede enseñarlo. Por otra parte, supone  la comprensión, la reflexión crítica  sobre los  propios saberes y un proceso de  sucesivas reconstrucciones y de autoformación. Es en este sentido, que las  tareas  de formación, investigación y difusión  asignadas  a las escuelas normales, deben potenciar  realmente  su capacidad  de consolidarse  para cumplir con los  requerimientos de calidad.
            En el Estado de Guerrero, el Programa de Fortalecimiento de las Escuelas Normales (PEFEN), señala en el diagnóstico que el área sustantiva que menos  ha desarrollado su función específica es la de investigación. Esta situación en  el ámbito  internacional, significaría  un reflejo  de poca calidad  y  de la lentitud con la  que se perciben  los cambios, o quizá mostraría la incapacidad de transformarse para dar respuesta a las exigencias sociales.
En el nuevo modelo curricular, la generación y uso del conocimiento  tiene un papel  prioritario, porque el aprendizaje permanente es una condición  necesaria para responder al dinamismo globalizador de la sociedad del conocimiento,  es también un medio para lograr que la cultura escolar esté a la par de la cultura social. Los documentos rectores del este modelo en educación normal, consideran en la dimensión  social  que “…la sociedad del conocimiento se construye sobre los pilares fundamentales de la investigación, desarrollo e innovación y enseñanza…” (DGSPE, 2010, p.22), enfatizan  la necesidad  de  que los   profesores   generen y usen el conocimiento  y que enseñen  a  aprender en el marco de una práctica colectiva en comunidades de aprendizaje, lo que incluye  conformar redes de conocimiento en las que  estudiantes y  profesores participen. Además,  advierten la necesidad de  elevar el nivel  de exigencia en los trabajos de indagación, para poder participar en redes nacionales e internacionales de investigación educativa entre las escuelas normales y con  otras Instituciones de Educación Superior.
            En resumen, la colaboración entre diversos grupos de investigadores es una característica esencial de la investigación del siglo XXI, específicamente en el ámbito de la formación de docentes,  se resalta la importancia de analizar colaborativamente la práctica docente para  generar y aplicar  conocimientos, porque es una de las condicionantes que permitirá  construir un normalismo renovado. Sin embargo, trabajar con otros en pro de un proyecto de investigación conjunto,  es uno de los aspectos aún no desarrollados en las escuelas normales.
Ante este panorama, se infiere que las tareas  de formación, investigación y difusión  asignadas  a las escuelas normales, deben potenciar  realmente  su capacidad  de consolidarse  para cumplir con estas nuevas exigencias sociales; para que los egresados en un entorno global, se desarrollen personal y profesionalmente  al  construir y usar conocimientos. ¿Seremos capaces de responder a estas expectativas?, ¿cómo enseñar a los estudiantes algo que no hemos experimentado?, ¿cuáles son los objetivos que la investigación educativa debe cumplir de cara a  la reforma de la educación normal?, ¿por dónde empezar?, y ¿qué estrategias se deben implementar para promover el desarrollo de la investigación en las escuelas normales?.
            Ante las condicionantes sociales del  Siglo XXI, y en la perspectiva del cambio, el reto de las escuelas formadoras de docentes radica en transformar la organización y la práctica educativa de manera profunda para generar nuevos conocimientos y aplicarlos y en consecuencia formar profesores competentes. Los profesores normalistas tenemos el compromiso de considerar en  nuestra práctica docente las  innovaciones pertinentes para estar acorde con las nuevas necesidades educativas, no podemos eludir más la responsabilidad, de participar en los cambios sobre la manera de concebir la educación, que incluye promover investigaciones colaborativas y establecer  redes,  romper con la inercia y la poca disposición al trabajo teórico,  desarrollar la capacidad de autoaprendizaje  y sobre todo, aceptar  la responsabilidad que supone realizar una investigación.
            Los profesores normalistas debemos  promover la amplificación del aprendizaje individual hacia entornos que posibiliten  el intercambio y la generación del conocimiento con  investigadores, académicos y estudiantes, además de colaborar  en la formación de nuevos investigadores y en el desarrollo de investigaciones con instituciones o investigadores externos para  construir un ambiente que  estimule  la investigación y promueva la consolidación de los Cuerpos Académicos.
            ¿Cuántos de  nosotros profesores investigadores  de educación normal estamos generando  conocimiento?, ¿cuántos estamos participando activamente en la transformación de nuestras instituciones a través de  innovaciones en nuestra práctica docente ?, estas preguntas  surgen cuando  da la impresión que los cambios están llegando sin concesión,  y  asumimos el papel de simples observadores.  
             

Estamos  en un proceso de transición hacia un modelo curricular donde la investigación educativa adquiere un nuevo sentido en el ámbito de  la formación docente. Hoy el desafío para los profesores de educación superior consiste en desarrollar en forma equilibrada las tres funciones que les competen: docencia, investigación y difusión,  generar y aplicar los conocimientos que permitan innovar la práctica y formar a los docentes que nuestra sociedad requiere.  
He ahí nuestro reto.






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